BOLSILLOS VACÍOS Alejandro Gody, cedido por Gema moraleja paz

Jesús Alejandro GodoyLa perdición duerme pacientemente bajo mi piel, mientras que la esperanza se baja de mis hombros de vez en cuando a mirar el paisaje.

No sé adonde voy; sin embargo, sé que un día todo terminará… ¿no es así?

Dicen que la pureza y la bondad vencen todo lo que obstruye nuestro camino, pero aprendí que para reconocer la pureza primero hay que probar el veneno de lo impuro, lo falso, y lo doblemente abominable; y para que tal vez una madrugada la bondad se adueñe de nosotros; aprendí, que primero hay que bailar con la maldad y respirar su hedor putrefacto.

Y los viejos murmuran: “¿No es el alma víctima de sí misma, cuando se ve menguada ante esos sentimientos que la someten y la tientan…? ¿O simplemente son pequeñas decisiones encadenadas las que construyen la imagen de lo divino?”

Camino en silencio por la vida, con las manos dentro de mis bolsillos vacíos, y nada tengo y nada hago. Solamente dueño del cielo soy.

Y respiro y duermo sin más cosas que hacer, que contar las estrellas, y descubrir formas extrañas en las nubes.

Llego al final de un bosque, desde donde se ve el mar. Me siento a horcajadas. Quedo absorto y boquiabierto mirando el horizonte, y algunas gaviotas, que vuelan cerca de los mástiles de esos barcos camaroneros.

Con mi cabeza gacha vuelvo a recordar que nada poseo y una gran alegría me invade.

¿Quién limita mis sueños? ¿Quién limita mis esperanzas?

Palpo la tierra, la huelo. Pienso que no hay mejor aroma que la tierra con el césped fresco luego de la lluvia.

Me incorporo y el viento me despeina suavemente.

Camino mirando el mar. Me adentro en el bosque y llego a un claro; lo camino mil veces alrededor. Cuando elevo los ojos, veo que a lo lejos se aprecia el faro.

Y los viejos confirman: “¿No son los miedos a todo lo nuevo, los puentes hacia la conquista de todo aquello que se llama éxito? ¿Por qué no recorrimos esos puentes, por qué no caminamos sobre todo lo que temíamos…? ¡Ahora lo sabemos y ya es tarde para lamentarse, porque habíamos tenido la fortaleza para hacer todo lo que deseábamos; y sin embargo, nos quedamos en nuestros pequeños laureles que ya se marchitaron!”

Trato de imaginar todo lo que puedo llegar a hacer con mis manos, mis pies, mis palabras, mis datos, mis ciencias, y mi alma. Pero no me pierdo en sueños y empiezo a trabajar día y noche bajo el cielo, bajo las estrellas, bajo el sol; bajo mis ignorantes condicionamientos, que a veces, me tientan a abandonarlo todo…

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